Nuestra historia
Un arrecife construido a mano, caracola por caracola.
Maya Xel nació de una idea simple: ¿qué pasaría si un café pudiera ser, también, una galería? En Aldea Zama, a unos pasos del corazón de Tulum, el techo de nuestro espacio es la respuesta — un arrecife de espuma expandida tallado y armado a mano por el artista Kevin Haley, terminado después de dos décadas de trabajo continuo.
Cada lámpara que cuelga del techo es una caracola real, recogida por pescadores locales y transformada, pieza por pieza, en una fuente de luz cálida. No hay dos iguales. Bajo ellas, jardines colgantes y una pequeña fuente de agua completan la sensación de estar, literalmente, dentro de un arrecife — algo que las reseñas de nuestros visitantes repiten una y otra vez.
El proceso detrás de este techo no fue rápido ni industrial. Cada caracola se selecciona, se limpia, se talla y se cablea a mano antes de encontrar su lugar exacto en la estructura. Es un trabajo de orfebrería a gran escala, pensado para sostenerse durante generaciones, no solo para una temporada.
Por eso llamamos a Maya Xel, además de café-restaurante, un pequeño museo marino: cada visita es también un recorrido por una obra de arte que honra el mar del Caribe y a quienes viven de él. Una parte del espacio funciona también como tienda de arte sostenible, donde puedes llevarte una pieza inspirada en el mismo proceso.
Hoy, ese techo-arrecife es el marco de nuestros desayunos y brunch: chilaquiles, huevos rancheros, bowls y café de especialidad, servidos bajo una obra que sigue creciendo con cada nueva caracola que llega a nuestras manos.
